29 mar Valentía

valentiaVeintiocho días duró su matrimonio con Bienvenido, ¡¡vaya nombre para un marido que se largó de casa y cuando volvió no quedaba ni un mueble!!.

Porque Dolores se casó con Bienvenido por no quedarse soltera, algo aburrida de escuchar a su familia velados…y no tan velados comentarios sobre su poco éxito con los hombres.

En realidad a Dolores no le gustaba mucho Bienvenido, pero , de alguna manera se dejó engatusar, le abrió las puertas de su discreto y vulgar piso de soltera, decorado con refritos de otras casas familiares y emprendió una nueva vida con un casi desconocido.

A los 28 días exactos de matrimonio, lo que tarda la luna en dar la vuelta, ¿o es nosotros en dar la vuelta a la luna?, Dolores nunca lo tuvo muy claro… pues a los 28 días exactos de matrimonio, al volver Dolores del trabajo y abrir la puerta de su casa, se la encontró absolutamente vacía, ni un mueble, ni un cacharro, ni unos  zapatos, ni un vestido, ni una triste cazuela…¡nada!.

A esos 28 días de matrimonio le siguieron 28 semanas de duelo en las  que Dolores se fue a casa de sus padres y no conseguía levantar cabeza. Y Bienvenido sin dar señales de vida.

Hoy ha accedido a escuchar a su buena amiga Myriam que no la ha dejado ni a sol ni a sombra en estas semanas. Myriam que, escuchándola y aconsejándola,  no le ha dejado quejarse de tonterías… “Acepto que te lamentes porque se llevó tus cosas pero no acepto que digas que se llevó tu tesoro, porque a estas alturas de la vida, Dolores, ni tienes tesoro, ni te quedaba flor ni un pobre secreto”. Myriam la hace reír y por eso hoy se ha acercado a su nueva casa que ha estrenado hace algunos días. Asomada a la terraza de Myriam, acierta a ver, a lo lejos, una tela que le resulta familiar. La fiel amiga le presta su cámara, fotografía un balcón cercano, amplía la foto…no hay duda, ese tapizado pasado de moda es el de su sofá, procedente, como sabemos de un refrito familiar. El caso es que las butaquitas blancas no están tan mal y no le suenan de nada.

Myriam y Dolores se acercan a la casa vecina, hablan con el portero. En el quinto derecha vive un extraño caballero que abandona por temporadas la casa y cuando vuelve (suele tardar uno o dos meses en hacerlo), regresa con un camión de mudanzas del que descargan muebles.

El portero hace recuento y calcula que en el último año, el camión de mudanzas ha pasado cinco veces por la casa. (Cinco Dolores Diferentes, a lo que se ve ) .”No sé donde meterá los muebles, porque yo veo entrar muchos y no sale ninguno y el piso es pequeño, como no los amontone en algún sitio”. “¡¡En la terraza!!” gritan las dos amigas, riendo a carcajadas.

Dolores lo ha comprendido todo, ha olvidado su duelo, no ha perdido un marido, ¡¡se ha librado de un loco estafador y además con síndrome de Diógenes!!.

Dolores se llama ahora Lola, ha vuelto a su casa, ha recobrado su libertad, no necesita consejos familiares ni veladas opiniones. No necesita refritos de muebles. Ha comprado los que ha querido, y los ha colocado como ha deseado, tienen extraños nombres como suecos con letras que no conoce y diéresis, pero son suyos, a su gusto.

“¡Tenía buen nombre mi ex! ¡Bienvenido!. Tenía que llegar Bienvenido para que yo diera la bienvenida a una nueva vida, a un nuevo nombre, a una nueva voluntad… a una nueva libertad”.

 “¡Gracias, Bienvenido, gracias. Me hiciste un gran favor vaciando mi casa para que yo dejara entrar mis nuevas ideas!” . ¡¡Ah, por cierto, ahora me llamo LOLA.”

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