31 ene Dar las gracias

45 flexiones para entrenar el agradecimiento

 

Elvira no acababa de “cuajar” en su nuevo puesto de trabajo. No “caía bien”. Y eso que era simpática, divertida, eficaz, inteligente, dispuesta, trabajadora, nunca pisaba a nadie y tenía excelentes ideas.
Elvira se siente satisfecha de su carrera y su evolución. Consiguió a base de tesón y esfuerzo acabar su licenciatura. Compatibilizó estudios y trabajo. Nunca nadie le regaló nada. Aprovechaba los veranos para estudiar idiomas fuera de su país, aceptando trabajos “menores” a cambio de cama y comida. Nadie sabe cuántas camas ha hecho en hoteles de Londres, París, Roma y Berlín. Ni la de hamburguesas que ha podido servir, mientras en el bolsillo de su delantal, guardaba una agendita y un lápiz para apuntar las palabras y vocablos nuevos que llegaban a sus oídos, siempre ávidos de aprender.
Ha trabajado muy duro en varias empresas, cosechando éxitos y la valoración de todos sus jefes ha sido siempre tan excelente que ha sido merecedora de distinciones y ¡de un ascenso!.
Y así nos encontramos a Elvira, desesperada porque siente el rechazo de sus compañeros, porque nadie cuenta con ella para lo que no sea una actividad puramente laboral. La única persona con la que entabla una mínima conversación es con Lucía, una becaria a la que le tienen haciendo fotocopias todo el santo día. Pero Lucía observa mucho y cuando Elvira, en un rapto de desesperación se sincera con ella, le dice…”es que nunca das las gracias”. “¿Cómo que no?”, exclama Elvira. “Soy una mujer muy educada y cuando me dan algo, siempre doy las gracias”. “Ese es el problema”. “cuando te dan algo, mejor dicho, cuando crees que te dan algo. Que parece lo mismo pero es distinto. ¡Claro que das las gracias si pides un café en la barra de la cafetería y te lo dan, y si pides que te haga una fotocopia, y si pides un determinado informe, y si pides que te reserven un vuelo, pues claro”.
“Entonces…”
“No das las gracias cuando nada has pedido. Cuando otros generosamente se ofrecen, comentan, felicitan o proponen”.
“Ponme un ejemplo”.
“Qué bonito tu traje, Elvira”. ¡Baah! , tiene más de seis años”.
“Se me ocurre, Elvira, que podríamos incluir el dossier X en la presentación”. Sí, ya había pensado en eso”.
Creo que fulanita es la persona más adecuada para hacer xxx”. Sí, siempre lo he creído, incluso hace tiempo ya la propuse”.
“Tengo un contacto muy bueno en tal empresa que nos podría abrir puertas”. “Lo conozco hace mil años”.
“¡Qué viaje tan bonito hice este fin de semana a … ¿quieres ver mis fotos?” “Conozco ese sitio desde hace muchos años”.
¿Sigo?. Nunca valoras lo que ofrecen, opinan y aportan los demás. Das las gracias por un café y una grapadora, pero jamás por una idea o sugerencia que no hayas pedido previamente y que son fruto de la iniciativa de los demás. Siempre llegaste antes, lo viste antes, se te ocurrió antes y lo conociste antes.
¿Y qué puedo hacer?
“Hacer lo que te gusta que hagan contigo cuando aportas, innovas, ofreces, inventas, diseñas, comentas, alagas, felicitas… ¿qué te gusta que te hagan a ti?”… y Elvira musita “que me den las gracias”.
“¿Y qué vas a hacer a partir de ahora?”…”Incluir la palabra gracias en todas esas frases”
“¿Cómo por ejemplo?”.
“Creo que fulanita es la persona más adecuada para hacer xxx”. “Sí, siempre lo he creído, incluso hace tiempo ya la propuse. Gracias por sugerírmelo, porque refuerza aún más mi deseo de colaborar con ella”.
Es difícil, ¿verdad?. Sobre todo porque no estás entrenada. ¿qué tal 45 flexiones –gracias para entrenar el agradecimiento?

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