07 feb Miedo

verde y tenebroso

 

No se sabía muy bien quién perseguía a quien, pero en aquel pueblo de veraneantes, todo el mundo era consciente de que la viuda de la casa grande bebía los vientos por Rodolfo y todo el pueblo era consciente de que Rodolfo estaba encantado.

Rodolfo tenía nombre de galán de novela corta de los cincuenta y poses de encantador de serpientes. Gustaba a todo el mundo, tenía mil amigos, conseguía todo lo que se proponía, e incluso se sacó un título universitario sin haber estudiado nunca. ¡Sorpresas de la vida!.

Rodolfo gustaba a todo el mundo y lo sabía, y se aprovechaba de ello y siempre salía airoso y triunfante. Dejó a su paso algunos negocios quebrados y corazones más quebrados que aquellos negocios, pero él siempre sonreía, como percibía que le sonreía la vida.

Rodolfo engatusó a la viuda. A la dueña de la mejor casa y de la mejor fortuna. Todo su porvenir estaba en esa seducción apasionante y apasionada. Y triunfó, ¡vaya si triunfó! ¿o no?.

Vivieron un noviazgo breve en el que Rodolfo conseguía de Manuela todo lo que se proponía, regalos, ropa, coches y caprichos. No era consciente de que Manuela era muy absorbente y poco a poco lo fue separando de su grupo de amigos, de sus padres, familiares, vecinos y conocidos. Rodolfo le prometía entregarse en cuerpo y alma a ella, a no ver, sentir ni hacer nada que no fuera acompañarla hasta el fin de sus días.

Boda rumbosa como pocas en ls que Rodolfo actuó como si él pagara el cubierto del convite, los adornos del jardín , la orquesta, los fuegos artificiales y el fastuoso viaje de novios que duró más de dos meses, sí, digo bien, más de dos meses, en hoteles de lujo y yates espectaculares.

Rodolfo trataba a Manuela con cierto desapego, seguro de su encanto y poder de seducción y Manuela se dejaba…ella sabría muy bien por qué.

Volvieron al pueblo, cruzaron sus calles, llegaron a las afueras, el servicio abrió el gran portón de acceso a verde y frondoso jardín y, de la mano, atravesaron los parterres y senderos.

Se acercaron a la imponente escalera de la casa, Rodolfo hizo ademán de ayudar a su flamante y algo cascada esposa a subir la escalinata. Manuela se paró en seco… “¿A dónde vas Rodolfo?”. “¡Vaya pregunta, a NUESTRA CASA!”…”¡Ahhh! Pero ¿tú tienes casa, Rodolfo?”…”¡Claro, la NUESTRA!” casi farfulló Rodolfo.

Manuela le miro de arriba abajo, con un gesto de desprecio infinito. “Rodolfo, creo que hay algo que no has entendido bien, yo te he comprado, eres de mi propiedad, estarás a mi servicio, me darás lo que te pida, placeres o compañía o recados, según mis deseos y necesidades, he redactado un documento que obra en poder de mi notario. Perderás todos tus derechos sobre mi herencia, si sales de la casa sin mi consentimiento, si osas trabajar en algún lugar, si te atreves a hablar con alguien que no sea del servicio, y por supuesto, si pretendes traicionarme con otra mujer. Tendrás lujos, trajes, coches, casa y comida, pero solo para disfrutarlos conmigo. ¿No era eso lo que me hiciste creer?.”

Rodolfo vacila, el hermoso jardín, la imponente escalinata, ya no son bellos ni atractivos, todo le da vueltas, y se da cuenta que entra, paso a paso en la cárcel de la que nunca podrá salir jamás. Envuelto en pánico asciende escalón a escalón. Se aleja del mundo, está encerrado, nunca podrá escapar.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies