26 ene La verdad

10 minutos de espera, una sombra y la verdad

Quedaban diez minutos para que llegara. Había esperado ese momento durante meses. La había cortejado, embaucado, seducido, convencido, enamorado, conquistado, atraído, abducido, hechizado y arrobado.
Era un seductor nato, utilizó todos sus trucos, voz, tono, palabra, gestos, frases, obsequios, invitaciones, halagos, mimos, lisonjas, regalos, piropos y arrumacos.
Tres años, 36 meses, 1080 horas, 64.800 minutos, 3.888.000 segundos de seducción para 10 minutos de espera.
Arreglado, perfumado, repeinado, bronceado, compuesto, dispuesto y ordenado, en perfecto estado de revista. Solo quedan 10 minutos para que llegue. Ella, la mujer esperada, deseada, codiciada, ansiada y anhelada.
Diez minutos. solo diez minutos. Está todo medido y calculado para conseguir el éxito, el triunfo de la seducción que acariciaba tanto tiempo.
Ella no puede negarse, se entregará, se rendirá, cederá, capitulará y claudicará. Se someterá a todos sus encantos. Sus falsos encantos y promesas.
Diez minutos, solo diez minutos. Todo calculado, no teme el momento.
Y sin embargo.
No nota, no percibe, no sospecha siquiera la sombra que le acecha y le persigue.
Una sombra. Es su sombra.
Y es más real, más verdad, más auténtica que él.
Es su sombra.
Y la mujer acertó a verla un día. Y habló con ella. Y, sobre todo, escuchó todo lo que la sombra tenía que decirle. Y creyó a la sombra.
Diez minutos.
Él no sabe que ella nunca llegará. Porque le bastaron solo otros diez minutos para conocer la verdad.
Porque esa sombra es la verdad.
La única verdad.

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